EL MOTÍN DE TLAZAZALCA
En la Monografía de Tlazazalca, Jorge García Méndez
y Raúl Alfaro Hurtado ofrecen su versión del Motín
en las siguientes palabras:
“En el año de 1707 ocurrió un tumulto en la
población de Tlazazalca. En este año el Alcalde
Mayor de la jurisdicción, don Diego López de Paramato
ordenó al gobernador de los indios que permitiera a los
caballos de los que llegaban a la cabecera para celebrar la semana
santa pastar en los campos de los alrededores. El gobernador desobedeció
la orden alegando que los animales talaban el campo. Enojado por
la insubordinación, Don Diego mandó azotar y rapar
a la autoridad indígena. El castigo resultó excesivo
para los naturales ya que el corte de cabello era una de las mayores
humillaciones que se les podía infligir.
El gobernador indígena convocó a los naturales de
los pueblos vecinos para vengar la ofensa, y el sábado
de gloria por la tarde rodearon la casa del alcalde mayor para
quemarla y matarlo.
Algunos vecinos españoles trataron de contener a los agresores
usando la espada.
Por su parte el cura Don Félix de Jasso intentó
apaciguar los ánimos sacando el santísimo en procesión
por las calles del pueblo; fue inútil el esfuerzo pues
la furia de los indígenas era tal que apedrearon al párroco
y lo obligaron a huir juntamente con el alcalde y se refugiaron
en la Piedad.
La contienda duró hasta el día siguiente cuando
fuerzas militares procedentes de Zamora terminaron con el motín,
resultando un gran número de muertos entre las filas indígenas.
El temor a un nuevo motín retuvo al cura en La Piedad,
siendo necesario nombrar en Tlazazalca un juez eclesiástico
independiente del párroco para atender esta jurisdicción.
La salida del cura dejó un descontento en la población
por el menosprecio y disminución para esta antigua cabecera,
representando un atraso para Tlazazalca, cosa que se remediaba
al hacer la división de parroquias en 1748, en que La Piedad
dejó de ser vicaría de Tlazazalca, integrándose
a la nueva parroquia los poblados de Yurécuaro y Tanhuato.
Dicho tumulto provocó la emigración de varias personas,
entre ellas las autoridades civiles españolas de la población
a La Piedad , de donde ya no regresaron hasta la guerra de independencia
, cuando se nombraron autoridades autónomas en la Piedad
y Tlazazalca.
En 1719 el párroco Don Félix de Jasso y Payo pasa
a Valladolid como canónigo y le sucede en la parroquia
su hermano Lucas de Jasso y Payo”.
Hasta aquí la versión del Motín de Tlazazalca
que contiene el mismo sentido pero con algunos detalles complementarios
del mismo acontecimiento de acuerdo a la descripción que
el P. Miranda hace del mismo hecho en su Monografía de
Yurécuaro, pueblo que se anexó como vicaría
de la parroquia y como asentamiento dependiente político
de La Piedad, antes llamada Haramutarillo.
A continuación se inserta la versión del P. Miranda
para que sirva de elemento del juicio al lector que esté
interesado en profundizar un poco más en este hecho y sus
consecuencias:
“En primer lugar, iba a traer profundos cambios en la estructuración
del partido de ese nombre, desplazando el centro de importancia
hacia San Sebastián, fue sin duda noticia comentada por
años entre los vecinos del pueblo y las Estancias.
Ante ese acontecimiento el P. Agustín Brambila, vicario
del partido sigue casando, bautizando y enterrando a los fieles
de Yurécuaro y pueblos vecinos que son la totalidad de
la población en esos principios del siglo XVIII.
La iglesia de la Asunción de Yurécuaro y su cementerio
reciben los cuerpos de los fieles difuntos a los que con frecuencia,
lo acelerado de la muerte y la distancia impedía ministrarles
la Eucaristía.
Salvador Francisco, indio, Diego Sosa, mulato libre, Tomás,
hijo de Juan Pacandi, Francisco, hijo de Andrés Gallegos
y de Nicolasa Chávez, indios de Yurécuaro, son nombres
que nos hablan de los habitantes del pueblo a principios del siglo
XVIII.
En la Piedad nombre con que empieza a conocerse Haramutarillo,
se construye con entusiasmo el Santuario al Señor Aparecido
cuando viene el motín de 1707 en Tlazazalca, que le dará
definitivamente la prevalencia en el partido. La acción
imprudente del Alcalde Mayor don Diego López de Peramato
desata la violencia de la comunidad indígena cuando para
castigar a los indios, manda rapar a sus autoridades.
Nada logra calmar los ánimos de los amotinados, ni la acción
del Licenciado Félix de Jasso beneficiado y cura del pueblo
que para apaciguar el tumulto sacó al Santísimo;
los indios enardecidos contra las autoridades españolas
y los de esa nación lo apedrean.
Resultado de todo fue el cambio de autoridades civiles y eclesiásticas
a La Piedad, donde permanecieron hasta el año de 1719 en
que don Lucas de Jasso y Payo, hermano del anterior y cura entonces
de Tlazazalca, se vuelve sin lograr que las autoridades civiles
hagan lo mismo y así aunque se sigan llamando Tlazazalca,
radicarán en La Piedad.
Una circunstancia favoreció también al desplazamiento
y fue la prosperidad económica que habían ido logrando
las Haciendas de Las Márgenes del Río y en especial
el enorme latifundio que empezaba a ser la de Santa Ana Pacueco
que monopoliza la vida económica de la región y
cuyos propietarios favorecen al nuevo pueblo; algo debió
de haber pesado también la creciente importancia de Yurécuaro
y Tanhuato, cuya atención se facilitaba más desde
La Piedad”.
Hasta aquí el P. Miranda. Aunque se siga llamando Tlazazalca,
las autoridades seguirán radicando en La Piedad.
¿La gente de Purépero iría hasta La Piedad
a tramitar algún asunto de tipo civil o penal? ¿La
Venta de una vaca o de un caballo, la tenían que tramitar
hasta allá, o se arreglaban en lo corto, de tú a tú,
bajo palabra de hombre?
Lo dice Miranda, Jasso y Payo regresa en 1719 para seguir dispensando
los cuidados espirituales a los habitantes de la Tlazazalca, cabecera
nominal de la parroquia y por supuesto a los de Purépero:
Matrimonios, bautismos, postreros auxilios, confesiones, misas,
etcétera.
La autoridad civil se restablece hasta 1900. Aunque Tlazazalca,
en 1831 es designado Municipio, algo pasa que cae hasta ser una
simple tenencia de Zamora, como se verá en otro lugar. Aquí
sólo se quiere subrayar que Purépero estaba desatendido
por esos años del Motín, por el tiempo en que regresa
el señor cura Jasso y Payo, la cabecera de Purépero
estaba descabezada o descapitalizada, como mejor le parezca al lector.
Nota.- Estos datos se tomaron del libro PURÉPERO, de Rafael
Cerda Córcoles, quien agradece cualquier observación
al respecto, pues el libro está próximo a ir a la
imprenta.
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